ALEMANIA. Nace una nueva izquierda que promete velar por la paz y los intereses de las mayorías, una parte de la cual vota a la ultraderecha
No es que esté de acuerdo en todo, pero esta escisión de de la izquierda alemana que duplicó en votos a quienes se quedaron con el sello me parece interesante. Por varios motivos, quizá el principal sea porque lo relaciono con debates ineludibles entre quienes nos sentimos políticamente (porque ya, gracias a una babélica confusión semántica, no alcanza con decirse peronista) nacionalistas -y latinoamericanos- revolucionarios. Porque en variados aspectos -aunque no en todos- tal como decía Cooke, el peronismo sigue siendo aquí en gran medida la verdadera izquierda. Y como el mundo se ha vuelto mucho más poblado pero también más pequeño, cada vez pueden extraerse más lecciones de las experiencias de los trabajadores y «condenados de (toda) la tierra». Me parece que la posición de Sahra Wagenknecht sobre las migraciones es realista: la de una defensora de un Estado regulador, tanto de las migraciones como de los movimientos de capital especulativo, pero dudo que a estas alturas de la tragicomedia humana sea posible diferenciar a los perseguidos políticos de quienes huyen de países que están devastados por el neocolonialismo y sus siete plagas.
A la nueva izquierda alemana, la vieja la acusa de «rojiparda» insinuando que tendría lazos comunicantes con el nazismo, lo que me parece una acusación tal falsa como infamante. Sucede que la vieja izquierda se ha vuelto socialedemócrata, y la socialdemocracia hace mucho (En España, desde antes de la muerte de Franco) se ha vuelto la segunda marca del imperio, y sus gobiernos, vasallos. Entre nosotros, la palabra «imperialismo» se ha vuelto inoportuna, y proliferan los que quieren hacer olvidar que el peronismo nació con la disyuntiva «Braden o Perón». Y en Alemania, que su relativa independencia acabó con las voladuras de los gasoductos rusos y no solo la negativa de su gobierno a investigarlo, sino su vergonzante posición antirrusa.
Me gustó el enfoque general de esta breve entrevista y particularmente su denuncia al Partido Verde, que comenzó siendo de izquierda pero luego luego fue cooptado por al atlantismo globalista, es decir por la OTAN, es decir por la CIA, y hoy es adalid de un ataque a Rusia que mucho se parece a un suicidio. Una cosa es que no sea conveniente en este momento practicar un antiimperialismo explícito, y otra ofrecerse como alternativa a los yanquis y, para lograr sus favores, dar muestras de obsecuencia («le pertenezco») como el rechazo a los Brics y mostrar tolerancia ante la fobia antirrusa y antichina de un gobierno cuyo mayor objetivo es, explícitamente, destruir el Estado y dolarizar la economía, esto es, acabar con la nación.
La nueva izquierda alemana quiere volver no sólo a representar sino también a motorizar a los trabajadores industriales y del campo y abomina de la fragmentación que el capitalismo financiero impone a la sociedad, buscando que la supremacía de lo individual enfrente a las distintas tribus o cuando menos que se desentiendan unas y otras, no reconociéndose de la misma especie… como los genocidas israelíes no le reconocen sustancia humana a los palestinos..
Todo lo cual me parece tiene mucho que ver con lo que sucede dentro del movimiento nacional en general, y en el peronismo en particular. Porque el peronismo es, en esencia, el sitio, al lugar donde nos empecinamos a volver a encontrarnos aquellos que hemos sido radiados y esparcidos por las poderosas fuerzas centrífugas con que buscan pulverizarnos nuestros enemigos porque así como Argentina fue un mal ejemplo podría volver a serlo.
¿Imagínese el lector/a si el amor por la selección de los bengalíes de ambas margenes del golfo que se inició con los goles de Maradona a los ingleses pudiera trasmutarse en amor por la Argentina por el conocimiento de los logros del primer peronismo o del kirchnerismo?
Son experiencias que nuestros enemigos tratarán de evitar a cualquier precio, incluso el del asesinato.
Ya lo han hecho muchas veces y han vuelto intentarlo no hace tanto.

Sahra Wagenknecht, líder del alemán BSW:
«Es incorrecto llamar nazis a quienes por desesperación votan a la ultraderecha»
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La líder de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), Sahra Wagenknecht, durante una sesión en el parlamento alemán Bundestag en Berlín, Alemania. — CLEMENS BILAN / EFE/EPA
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– Se han celebrado elecciones al Parlamento Europeo y, tal y como muchos preveían, se ha disparado el apoyo a la ultraderecha y caído el voto a la izquierda, especialmente al Grupo Verde y The Left. Usted anunció esto, creó un nuevo partido y se salió de Die Linke. Su partido ha tenido más del doble de votos que Die Linke. Pero vayamos por partes. ¿Por qué ha perdido votos la izquierda?
– Hoy en día, quien quiere expresar su descontento contra la política imperante no suele votar por la izquierda, sino por la derecha, y en lugar de preguntarse por las razones de esto, a menudo se suele insultar a los votantes, calificándolos de estúpidos o de nazis. Sin embargo, hasta ahora, los partidos de derecha parecen haber sido más capaces de abordar los problemas de las personas que se sienten abandonadas y amenazadas por los cambios que están teniendo lugar en su mundo.
Está claro que los enfoques y actitudes de algunos sectores de la izquierda son percibidos por muchos ciudadanos como arrogantes y engreídos. Además, los partidos de izquierda, cuando participan en los gobiernos, a menudo no logran mejorar las condiciones de vida de la mayoría más pobre de la población. Creo que las fuerzas de izquierda pierden terreno cuando se distancian de las necesidades e intereses de la mayoría trabajadora. El partido de izquierda en Alemania [Die Linke] hace política pensando en activistas con formación académica en las grandes ciudades y no se están dando cuenta de que están despreciando a sus antiguos votantes y simpatizantes.
Además, Die Linke no tiene una posición clara sobre la guerra en Ucrania. Nosotros, la BSW, rechazamos el suministro de armas a zonas de guerra y pedimos la vuelta a la diplomacia y a la distensión. Algunos en la izquierda, sin embargo, apoyan las entregas de armas e incluso han tratado de desautorizar el apoyo a las conversaciones de paz o la participación en manifestaciones por la paz calificándolos como de derecha. Por supuesto, todas estas actitudes favorecen a la derecha.
– En su libro ‘Los engreídos’ analiza lo que llama el «liberalismo de izquierdas». ¿Lo puede explicar brevemente?
En la clase media académica de las grandes ciudades nos encontramos con un entorno liberal de izquierda que tiende a ver sus propios privilegios y hábitos de consumo como virtudes morales. La gente compra en tiendas naturistas, valora el lenguaje políticamente correcto, está comprometida con la protección del clima, los refugiados y la diversidad y mira con arrogancia a las personas que nunca han podido ir a la universidad, viven en entornos de ciudades pequeñas o rurales y tienen que luchar mucho más duro para mantener la poca riqueza que tienen.
En realidad, ese «liberalismo de izquierda» no es ni de izquierda ni liberal, ya que consolida la desigualdad social y promueve una intolerante «cultura de la cancelación».
– En particular, los entornos privilegiados viven cada vez más en su propia burbuja y comprenden cada vez menos las necesidades de las personas menos favorecidas. Con sus políticas identitarias, no garantizan la igualdad de derechos y oportunidades de avance, sino que dividen a la sociedad a través de políticas clientelistas para minorías seleccionadas.
En lugar de debates objetivos sobre la solución de importantes problemas sociales, experimentamos prohibiciones del pensamiento y del lenguaje. La moralización reemplaza al razonamiento. Cualquiera que piense o hable diferente, tenga un estilo de vida diferente o, por ejemplo, aborde los problemas asociados con la inmigración descontrolada, rápidamente es tildado de nazi, racista o campesino. No es casual que aquellos que se ven obligados a trabajar por bajos salarios vean la inmigración de manera diferente que quienes ganan más y están contentos con contratar a una niñera o a un plomero baratos.
– A Ud. la acusan de muchas cosas, así que comenzaré con una cuestión previa, ¿usted y su nuevo partido son de izquierda?
–La pregunta es qué se entiende por izquierda. Hoy en día, mucha gente asocia esto con debates distantes, políticas de identidad y paternalismo en lo que respecta a cuestiones alimentarias y lingüísticas. Para mí, la política de izquierda significa comprometerse principalmente con aquellos que no provienen de una familia rica y tienen que ganarse la vida trabajando duro. En términos de política exterior, para mí la izquierda significa abogar por la paz, la solución diplomática a los conflictos y el desarme global.
-Entonces, ¿puede explicarme mejor cuáles son esos valores que, en su opinión, ha perdido el discurso de la izquierda, y usted está intentando recuperar en su proyecto?
Términos que tradicionalmente se asocian con la izquierda, como progreso, cambio, reforma o revolución, ya no se asocian con la esperanza de una sociedad mejor, sino que se perciben como una amenaza. Esto sucede porque la mayoría de las «reformas» de las últimas décadas no han traído ninguna mejora a la gente, sino más bien un deterioro social.
También vivimos en un mundo de agitación, guerras y catástrofes en el que muchas personas anhelan más seguridad y estabilidad. Esto incluye seguridad social, un empleo seguro, precios estables, pero también paz y protección contra la violencia y el crimen crecientes. La gente quiere vivir en un entorno seguro y estable, pero la migración descontrolada ha provocado que los barrios cambien rápidamente en muchos lugares.
El «cambio de época» [hace referencia al discurso de Scholz del 27 de febrero de 2022 tras la invasión rusa a Ucrania] del semáforo [la coalición del gobierno federal se conoce como Ampel, semáforo, en referencia a los colores asociados a los tres partidos coaligados: rojo SPD, amarillo FDP y verde] está agravando un rumbo que lleva a Alemania al declive y al borde del desastre.
Creo que hacemos bien en recoger el deseo de seguridad y estabilidad de muchas personas y combinarlo con las tradicionales reivindicaciones de izquierdas de paz y justicia social.
-Su éxito electoral ¿muestra el camino para la izquierda europea y la forma de frenar a la ultraderecha?
– En mi opinión, la forma en que muchos llevan a cabo la «lucha contra la ultraderecha» ha contribuido significativamente al fortalecimiento de la ultraderecha. Creo que es incorrecto renunciar a valores sólo porque también están aceptados por la derecha o insultar abiertamente y calificar de nazis a las personas que por desesperación votan por un partido de ultraderecha.
Los partidos de derecha avanzan electoralmente cuando pueden presentarse con éxito como fuerzas que hacen política contra «el establishment» y «los de arriba», lo que normalmente no tiene nada que ver con la realidad. El AfD en Alemania hace política para quienes ganan más y para los refugiados fiscales, no para la mayoría trabajadora.
-Leyendo lo que dice la prensa española sobre usted aparecen algunas acusaciones que, en cambio, no deduzco de la lectura de su libro. Me gustaría que respondiera a esas acusaciones. Una de ellas es la de xenofobia por su posición ante la emigración. ¿Puede explicar su posición ante la emigración y en qué medida es diferente o no a la de la ultraderecha?
-Alemania ha acogido a muchos refugiados en un corto período de tiempo, primero de Siria y otras zonas de guerra en Medio Oriente, y ahora de Ucrania. También hay inmigrantes de países de Europa del Este, entre otros. Muchos municipios se ven irremediablemente desbordados ante la acogida y atención de tanta gente.
Opinamos que la inmigración debe controlarse y limitarse, porque de lo contrario la integración no podrá tener éxito. Rechazamos la exigencia de fronteras abiertas porque no es factible. Especialmente si se quiere preservar el derecho básico de asilo, hay que diferenciar entre las personas que realmente están siendo perseguidas en su país de origen y las muchas personas que sólo esperan una vida mejor. La inmigración no puede resolver los problemas sociales del mundo. En algunos casos, incluso empeoran cuando robamos especialistas capacitados procedentes de los países pobres. Esto no tiene nada que ver con la xenofobia, sino con la razón y el realismo.
-También le acusan de antivacunas. Su libro se publicó originalmente en 2021, aunque es ahora cuando se publicó en español. ¿Cuál es su posición en estos momentos sobre la pandemia de covid y esa acusación?
– No tengo nada en contra de las vacunas clásicas (N. del E.: parece referirse a vacunas como la británica Astrazeneca, la rusa Sputnik y las chinas y rechazar las de ARN mensajero) que realmente conducen a la inmunidad. Pero eso nunca fue el caso con las vacunas contra la covid: incluso aquellos que estaban vacunados podían infectar a otros, y muchos enfermaron de covid a pesar de estar vacunados. Además, se trataba de vacunas nuevas, cuyos riesgos no pudieron investigarse adecuadamente en tan poco tiempo.
Posteriormente siento que los acontecimientos han confirmado mi posición, pero en aquel momento la reacción fue muy hostil, se desató una verdadera histeria. Quien no se vacunaba contra la covid era difamado y excluido de la vida pública y, a veces, incluso de la vida profesional. No hay justificación para esto y es necesario abordar esta injusticia.
También es necesario aclarar los dudosos acuerdos comerciales sobre mascarillas y vacunas. No puede ser que las empresas farmacéuticas se beneficien de miles de millones de dólares sacados de los bolsillos de los contribuyentes. Tampoco debe volver a suceder que las familias se queden en la estacada. En Alemania, escuelas y guarderías estuvieron cerradas durante muchos meses, con graves consecuencias para niños y jóvenes.
-También señala que el discurso medioambientalista de la izquierda está afectando negativamente a los sectores populares. ¿Puede explicarlo? ¿Debemos abandonar la lucha medioambiental?
No debemos abandonarla, pero tenemos que actuar sobre los responsables en lugar de simplemente actuar sobre los precios. La calefacción y el combustible deben seguir siendo asequibles, al igual que los alimentos. El discurso ecológico, tal como lo lideran algunos Verdes, es profundamente hipócrita. Hacen que la gente se sienta culpable por comer carne o conducir un coche con motor de combustión, pero al mismo tiempo construyen terminales de GNL (Gas Natural Licuado) en reservas naturales para importar a gran escala gas sucio de fracking de EE.UU.
Los Verdes, en particular, defienden una política de confrontación de bloques que conduce a una nueva carrera armamentista que devora billones de dólares: ¡eso es una auténtica locura! Si queremos evitar la catástrofe climática, debemos volver a una política de distensión y diplomacia, porque los problemas globales sólo pueden resolverse mediante la cooperación global.
-¿Cree que en otros países europeos, por ejemplo en España, la izquierda debería abordar una evolución como la suya? ¿Cómo deberían hacer?
-No puedo juzgar eso desde la distancia. Me alegra que otros aprendan de nuestras experiencias, pero probablemente no exista una fórmula mágica para el éxito político. Las situaciones problemáticas difieren de un país a otro y la estrategia respectiva debe adaptarse a las condiciones sociales y políticas del lugar.

Muy oportuna la publicación de este artículo.
Más allá de que se pueden mantener reservas frente a algunas posiciones del BSW, solo agregar que la desorientación de la izquierda frente al fenómeno del fascismo y el nazismo comienza con el nacimiento mismo de estos movimientos, alrededor de los años ’20 del pasado siglo.
El primer dato, que es mucho más que una curiosidad, es —simplificando un poco— que ambos comienzan impulsados por ex miembros de la izquierda tradicional y que su intento original es el de llevar a esa izquierda mucho más lejos —hacia la toma real del poder, que había perdido definitivamente esa posibilidad con la derrota de los espartaquistas alemanes— y no el de transformarse en partidarios del régimen. Obviamente, terminan transformándose en un régimen de terror (aunque cuidado: también el bolchevismo se transformó en un régimen de terror).
Pero hasta ese vuelco definitivo, la izquierda perdió un sinnúmero de oportunidades de relacionarse con los sectores más auténticos de estos movimientos, por su típica subestimación de la cuestión nacional.
A contrapelo de lo que podrían suponer algunos sectores del peronismo que encuentran en Trotsky una figura a admirar, fueron sobre todo Trotsky y la Oposición de Izquierda los más reacios a aceptar un entendimiento con ellos (no obstante matizar que alguna parte del trotskismo argentino sí tuvo posiciones menos cáusticas hacia nuestro movimiento nacional).
El Partido Comunista Alemán intentó, al menos, alguna proximidad, aunque tan equívoca que no llevó a ningún puerto. Hay que aclarar, sin embargo, que no estoy diciendo que, de haber sido estos intentos más contundentes, se podría haber evitado la cristalización del nazismo.
Para que no queden dudas del cariz de los sectores a los que refiero, señalar sintéticamente, algunos de los que Karl Radek, miembro de la III Internacional, llamó “nacional bolcheviques”. Por ejemplo:
– Heinrich Laufenberg y Fritz Wolffheim, quienes publicaban el periódico Der Volkswart.
– Karl Otto Paetel, del Grupo de Nacionalistas Social Revolucionarios.
– Ernst Niekisch, máximo dirigente del Soviet de Baviera durante la Revolución Alemana del 18.
Todos ellos y sus organizaciones, antihitlerianos declarados y partidarios de una alianza con la Unión Soviética, aunque también, claro, enemigos de la Socialdemocracia que había convalidado el Acuerdo de Versalles y funcionaba de socia del imperialismo inglés —y el estadounidense en ciernes—.
Partidarios, en definitiva, de lo que llamamos “socialismo nacional”, que no es más que la versión en castellano de “nacional socialismo” —porque en alemán, la palabra que lleva el peso de una expresión compuesta es la segunda y no la primera—, que fue la inspiración original —aunque defraudada— de ese movimiento.
Aunque pareza una paradoja, realmente todo buen comunista debe ser un gran nacionalista. Es una posición coherente como lo ha demostrado a lo largo de toda su vida Gennady Zyuganov, Secretario General del Partido Comunista de Rusia. Zyuganov, que hace poco cumplió 80 años, es un hombre de fuertes convicciones a la vez que ha manifestado un indudable amor a la patria.
Sahra Wagenknecht miente descaradamete cuando dice: » Además, Die Linke no tiene una posición clara sobre la guerra en Ucrania. Nosotros, la BSW, rechazamos el suministro de armas a zonas de guerra y pedimos la vuelta a la diplomacia y a la distensión. Algunos en la izquierda, sin embargo, apoyan las entregas de armas e incluso han tratado de desautorizar el apoyo a las conversaciones de paz o la participación en manifestaciones por la paz calificándolos como de derecha. Por supuesto, todas estas actitudes favorecen a la derecha».
Es fácil descubrir la mentira de Sahra Wagenknecht. La diputada federal Sevim Dagdelen de Die Linke (La Izquierda) es conocida internacionalmente por ser la voz contra la política exterior belicista del gobierno Scholz, por advertir del peligro de Tercera Guerra Mundial por el vasallaje a EEUU, y por pedir el fin de la guerra de Ucrania y una solución negociada, mucho antes que la oportunista Sahra Wagenknecht.
El objetivo de Die Linke explicado por ellos mismos es «nuestro objetivo a largo plazo debe ser disolver la OTAN y reemplazarla con un sistema de seguridad colectiva que tenga como objetivo general el desarme y la cooperación».
¿De dónde saca Sahra Wagenknecht que Die Linke no tiene una posición clara?
Es tan clara la posición de Die Linke sobre la guerra en Ucrania y todo lo que representa que su medio afin, JUNGE WELT, es perseguido por el gobierno alemán y por Wikipedia: «Junge Welt is a German daily newspaper, published in Berlin. The JW describes itself as a left-wing and Marxist newspaper. German authorities categorize it as a far-left medium hostile to the constitutional orde» (lo que interesa traducir es la última frase: «LAS AUTORIDAES ALEMANAS LO CALIFICAN COMO UN MEDIO HOSTIL AL ORDEN CONSTITUCIONAL») . Tan clara es la posición de Die Linke, que el gobierno atlantista, belicista y del rearme de Sholz lo considera tan peligroso.
Como europeo, pienso que el surgimiento de Sahra Wagenknecht es una operación del stablishment alemán para 1) dividir a la izquierda, 2) restar votos a la ultraderecha que recibe votos-protesta, 3) evitar que el voto de socialistas desencantados se vaya a uno de los dos extremos anteriores, 4) que funcione como partido bisagra para vetar el acceso al gobierno a otras formaciones.
Es el mismo tipo de operación que la que en España montó partidos como Ciudadanos, de Albert Rivera, para hacer de partido bisagra. Hoy Ciudadanos ya ha desaparecido, vamos a ver cuánto dura el partido de Sahra Wagenknecht, que curiosamente ha sido recibido con aplausos por medios reconocidamente pro Bruselas, atlantitas y neoliberales.