LA FÁBRICA DE JINGLES. Un fenómeno que no debe dejarse pasar por alto y un ramalazo de felicidad

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Son las mil y una y tengo que levantarme temprano, pero no quiero irme a la cama sin expresar nuevamente la alegría que me da escuchar la fábrica de jingles. Si algo estoy seguro que el futuro de causa nacional y popular se encuentra en  manos de la generación que considera veteranos a Omar Quiroga y Pedro Saborido. Claro, reconozco tener algún temor de que esta generación no termine de entender cabalmente hasta que punto los dueños de casi todo están dispuestos a pasarnos por encima con una aplanadora como han hecho en el pasado, sobre todo en 1955 y 1976, y que los que lo tenemos muy presente no somos necesariamente paranoicos. Si llegan a a esta comprensión, muchos de estes muchaches arrastraran a muches otres y darán que hablar.

Como ellos, yo soy todo lo que es posible ser feliz en estas circunstancias. Ah, y otra certeza: Ofelia Fernández suma.

 


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