
Acabo de subir este hilo de tuits a mi cuenta:
No tengo el más mínimo respeto por mis reales o supuestos colegas periodistas que a esta altura de los acontecimientos siguen diciendo y escribiendo recurrentemente que a Nisman lo mataron.
No quiero que me suceda lo mismo con los que por falta de información y creerle a algun supuesto especialista se suman ahora ¡después de un cuarto de siglo! a decir lo mas campantes y como si no tuvieran dudas que las voladuras de la Embajada de Israel y la AMIA se ejecutaron con vehículos-bomba.
Llevo más de dos décadas explicando que no hubo ninguna F-100 que volara la sede diplomática (en «Caso Nisman: Secretos inconfesables» describí quienes y cómo introdujeron el explosivo) y que no hubo nadie que haya visto una blanca Trafic fantasma en la calle Pasteur el 18-J.
Y si, en cambio, que hubo multiples testigos que estaban muy cerca del epicentro de las explosiones, e incluso quienes miraban en ese momento hacia la puerta de la mutual, que negaron enfáticamente que hubiera ningun vehiculo que la embistiera. o en las inmediaciones.
Para los apurados o a los que el asunto les interesa solo tangencialmente, la demostración es sencilla: No hubo en todo el mundo una explosión de vehículos-bomba en el que por más quemado y retorcido que hubiera quedado éste, no se lo reconociera a simple vista.
Acá, los encubridores nos quieren convencer de que en Buenos Aires los coches-bomba son evanescentes y se volatilizan en el aire. Milagrosamente.
Aun en el caso del cruento atentado cometido en Beirut contra el cuartel de los Marines, cometido con un camión en el que se calcula había 5000 kilos de explosivos se veía perfectamente el piso o falso chasis, los dos ejes y 3 de sus 4 puntas.
Nos quisieron convencer de que el falso chasis de la Trafic debe encontrarse enterrado en el lugar donde estaba la puerta de la mutual. Pero cuando Sergio Burnstein propuso cavar o utilizar un detector de metales para corroborarlo o desecharlo, le negaron esa prueba.
Cuando Nilda Garré se propuso investigar si un helicóptero que según muchos testigos casi se posó en la azotea de la AMIA esa madrugada había «sembrado» alli piezas de Trafic, dirigentes de «la cole» y los fiscales encubridores consiguieron que De la Rúa la echara.
Quien me convenció con sólidos argumentos de que no había una sola Trafic en danza sino al menos dos y que ninguna de ellas había sido vector de la voladura, sino apenas un fantasma, un señuelo cuyo objetivo era desviar la atención, fue el finado Carlos De Nápoli.
Antes, Joe Goldman y Jorge Lanata se habían burlado de quienes decían que en lo de la embajada había intervenido una camioneta y puesto en duda que hubiera existido la mentada Trafic-bomba en el caso de la AMIA.
Luego, Lanata y Levinas se pasaron con armas y bagajes al otro lado de la trinchera, el de Magnetto y este gobierno cipayo y vendepatria, y consecuentemente guardan silencio.
Y otros investigadores que se dieron cuenta de la inexistencia de la Trafic, como Horacio Lutzky, no se animaron a decirlo en voz alta.
Recomiendo enfáticamente que lean mis dos últimos libros, en especial el último, «La infAMIA» porque creo haber demostrado claramente en ellos la inexistencia de la supuesta Trafic-bomba.
Y si no quieren darle crédito a Telleldín (que, absurdadamente, está siendo nuevamente juzgado) que consulten a abogados que cubrieron el juicio de la AMIA como Juan Carlos García Dietze o, mejor aún aquel megajuicio y también el del encubrimiento como José Manuel Ubeira.
O a periodistas especilizados en asuntos de «la cole» como Daniel Schnitman. Y en lo inmediato, si no quieren salir de la compu o el smartphone, métanse en (link: http://pajarorojo.com.ar) donde hay no una sino muchas notas referidas a la inexistencia de la supuesta Trafic-bomba.
Ni a Nisman lo asesinó un «comando mixto venezolano-iraní entrenado en Cuba» proveniente del Uruguay ni los atentados fueron cometidos por camionetas invisibles conducidas por kamikazes libanes teledirigidos desde Teherán por protervos ayatolás.
Pasa que a excepción de algunos familiares de las víctimas y de algunos excéntricos investigadores, como quien escribe, a nadie le interesa que la verdad resplandezca.
Y es que aunque hubo traficantes sirios metidos porque habían sido estafados en el curso del ilegal tráfico de armas a Bosnia y Croacia no hay pruebas y ni siquiera indicios de que el entonces presidente Hafez al Assad aprobara los bombazos.
Y que aunque todo indica que los atentados fueron cometidos por mercenarios locales contratados desde el círculo más íntimo del presidente Menem, al igual que en el caso anterior también parece claro que éste no tuvo absolutamente ninguna participación.
En cuanto a los asesinos materiales, está clara su relación con varias dependencias de la Policía Federal, como que el jefe de ésta, el comisario Jorge Luis Passero no sólo fue ajeno sino que advirtió que en ambos casos hubo explosiones adentro de los edificios que estaban en refacciones.
En el documental de Netflix se ve a una testigo que vio la traffic blanca en la esquima
6n agente del fbi dice que no la habian desabollado y que estaba en un deposito