CHICHE GELBLUNG, acusado de colaboracionista a raíz de una entrevista que le hice

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Tal como me lo envia el ex policía Armando Luchina. No fue mi intención joder a Gelblung pero no podía dejar de preguntarle por Jarito Walker. La entrevista completa está acá.

 

De: Armando Luchina avluchina@gmail.com
Asunto: Chiche Gelblung tendrá que hacer «Memoria» nuevamente

Estimado Salinas:
Le envío la nota aparecida en el diario Tiempo Argentino del día domingo.
Casi es innecesario decirle que es el resultado del reportaje que Ud. le hiciera a «Chicho» Gelblung, cuyo diálogo figura en el apartado que pego al final con el título, el caso «Jarito» Walker y que luego envié al Dr. Pablo Llonto, pues me pareció altamente comprometedor para este colaboracionista de los genocidas que un alto jefe policial que también revistara en la Superintendencia de Seguridad Federal, el general Samuel Cáceres, le brindara información de quienes eran las personas que iban a ser secuestradas y desaparecidas.
 
El rol de Chiche Gelblung y la revista Gente en la última dictadura militar
 
En el ’76, fueron mencionados por un cable de la Embajada de EE UU en la Argentina que describía una supuesta operación de prensa ideada por Harguindeguy. El periodista niega el episodio. «Tiene que ser llamado a declarar», pidió Pablo Llonto.

 

El caso «Jarito» Walker

Enrique «Jarito» Walker fue periodista y militante montonero, desaparecido el 17 de julio del ’76. En los ’60, fue secretario de redacción de Gente. En 2008, en una entrevista con Juan Salinas para la revista Sociedad, «Chiche» Gelblung dijo lo siguiente: «Me llamó el general Samuel Cáceres (sic), que había sido jefe de la Policía Federal, y me preguntó si Jarito era amigo mío. Le dije que sí (…). Cáceres me dijo que tenía tres días, 72 horas para irse del país. Me apuré a ponerme en contacto con él y lo cité en la Cámara Argentina de la Construcción. Ahí, en el ascensor, le transmití el mensaje. Y él me dijo: ‘Es lo único que te faltaba: ser el vocero de los secuestradores.’ ‘Andá a la mierda’, le contesté, muy amargado. Pasó el plazo fijado y a Jarito lo chuparon en un cine de la avenida Rivadavia al cinco mil».

 


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