GUERRA NUCLEAR. Cómo hace cuatro días estuvimos al borde de la hecatombe

En la segunda mitad de los años ’80 tuve por primera vez noticias de la existencia de Lyndon LaRouche, quien había sido candidato a la Presidencia de los Estados Unidos por los dos partidos mayoritarios para seguidamente ir por fuera de ellos. Por entonces las noticias eran fragmentarias (no había internet) y prejuzgaba que debía tratarse de un nucleamiento nacionalista de derecha, que abominaba de la City de Londres, a la que consideraba poco menos que el Mal que gobernaba el planeta. Quizá porque alguna vez el coronel Mohamed Alí Seineldín había hablado bien de él.
Desde entonces muchas cosas han cambiado, y frente a la obscena entrega de la Argentina a la voracidad del capital concentrado que parasita y canibaliza al imperio actual y al que lo precedió, el coronel Seineldín aparece como patriota quizá políticamente muy limitado, pero opuesto a neoliberales y supuestos acrátas-libertarios que es el disfraz de quienes destruyen el Estado, espinazo de la Nación Argentina, a fin de que sea saqueada. En paralelo, fue cambiando mi opinión sobre el larouchismo, que muerto su fundador tiene como figuras más importantes a su viuda y a Dennis Small (foto de presentación), a mi juicio un buen analista de la política internacional, incluida la latinoamericana y argentina. Fue el mio un proceso gradual, a fuerza de leer análisis atinados en la Executive Intelligentze Review. Y, también, por constatar que LaRouche y sus seguidores eran sistemáticamente perseguidos por los principales medios de los Estados Unidos y por los líderes de ambos partidos mayoritarios, que incluso conseguían que hasta lugares supuestamente neutros como la Wikipedia subrayaran su carácter pretendidamente conspiracionista y antisemita. En cuanto a lo primero, sus críticos se basaban en que, por ejemplo, los larouchistas afirman que la muerte de Lady Di, Diana, la princesa de Gales, no fue un accidente sino un asesinato impulsado por la Casa Real británica. Aunque no es un tema que domine, por lo poco que se, no puedo descartarlo. Y en cuanto a lo segundo, está claro que los larouchistas son antinazis y fuertes críticos del rearme alemán y de la guerra de la OTAN contra Rusia, así como la de Israel y EEUU contra Irán.
Digresión
Cosas veredes Sancho… Hasta hace poco no sabía que investigadores serios sostenían la hipótesis de que los servicios secretos de Israel habían estado involucrados con el asesinato de John Kennedy; me resultaba obvio que la CIA y la Mafia habían actuado coludidos, pero no conocía que se mencionara la oposición de Kennedy a la construcción de artefactos nucleares por Israel y su voluntad de someter a inspección las instalaciones de Dimona. Ni siquiera en el excelente film JFK de Oliver Stone se menciona a Israel, pero si uno quiere sospechar, tiene de dónde asirse. Y es que según Deep Seek, la IA china, la película fue producida por Arnon Milchan (…) un agente del Mossad» involucrado en el tráfico de armas que, muy curiosamente, no aparece en los créditos del filme. Tampoco hay alguna mención de ello en la biografía de Milchan en Wikipedia, que aclara que antes de ser un conocido productor cinematográfico, Milchan fue un activo participante en el ultrasecreto plan israelí que fructificó con la construcción de bombas atómicas. También que él y Netanyahu se consideran hermanos. No es para menos, ya que Milchan fue y probablemente siga siendo un gran financista del genocida. En fin, como suele decirse con humor: que uno sea un poco paranoico no quiere decir que no lo persigan. Y si algo ha quedado claro es porque en el film JFK no se menciona ni a Israel ni al Mossad.
En cuanto a Oliver Stone, se reivindicó al encomiar a Michele Metta, el investigador que si relacionó al Mossad (y a la mafia italiana, la proto P-2 de Licio Gelli) con el asesinato de Kennedy. Stone pidió en base a sus descubrimientos y la aparición de nuevas evidencias que se reabriera la investigación del magnicidio.*
Volviendo a la actualidad:
El último informe semanal de Dennis Small (en nombre de la EIR y del Instituto Schiller, con sede en Alemania) me sorprendió de movida al describir en detalle cuan cerca de la hecatombe estuvimos el pasado sábado, cuando en Moscú se celebró el 81º aniversario de la caída de Berlín y el fin de la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo (que continuaría en el Pacífico hasta las bombas atómicas arrojadas en Hiroshima y Nagasaki). Y es que, sabiendo que el régimen de Ucrania iba a intentar con la ayuda de sus aliados estropear la fiesta con un masivo ataque de drones, Rusia advirtió de variadas maneras que de ocurrir tal cosa, volatilizaría el centro de la ciudad de Kiev. Fue el Departamento de Estado, al parecer tras consultarlo con China y mediadores como Pakistán y Arabia Saudita, quien presionó a Zelensky para que dejara sin efecto sus descabellados planes.
Bueno, no quiero spoilear el análisis de Small, cuya audición recomiendo. Me gustaría que quienes sigan mi consejo también dejen más abajo su comentario.
* Escuchen aquí a Oliver Stone:
Metta publicó varios libros sobre el asesinato de JFK. Son estos según su traducción al inglés:
Estos fueron los últimos:


Antes había publicado:

CMC. The Italian Undercover CIA and Mossad Station and the Assassination of JFK (2018).

On the Trail of Clay Shaw: The Italian Undercover CIA and Mossad Station and the Assassination of JFK (2019).
Fruto de más de una década de investigación escrupulosa, la investigación de Metta sobre el asesinato de John Kennedy se basó en el hallazgo de nuevos documentos exclusivos. Su trabajo recibió elogios públicos de Oliver Stone durante el Festival de Cine de Lucca; en Facebook, de su hijo Sean Stone (actor, director, director de fotografía y presentador de televisión); de James DiEugenio experto en el fiscal Jim Garrison; del ensayista británico Philip P. Willan. Metta se hizo de los documentos internos de la compañía del Centro Mondiale Commerciale, que empleaba a Clay Shaw, un empresario que, en 1967, como resultado de la evidencia recopilada, se convirtió en el principal sospechoso de la principal investigación judicial sobre la muerte de John Fitzgerald Kennedy, supervisado por Jim Garrison, entonces fiscal de Nueva Orleans. Documentos que revelan a personajes muy importantes asociados a Shaw en el complot hasta revelar una conspiración alimentada por un pacto masónico internacional contra JFK, que involucró a la CIA, el Mossad y la inteligencia italiana. Metta es historiador y periodista del periódico italiano l’AntiDiplomatico. Islainfinita es su compañía de producción de cine.
