TERRORISMO: Clarín reescribe la historia y las víctimas pasan a ser culpables

Sostiene que un grupo de gamberros no identificados pero de filiación inequívocamente peronista se dedicó a incendiar iglesias en el centro de la Capital Federal, y que en respuesta a esta agresión demencial, cundió la indignación de la «gente de bien» y en represalia aviones de la Marina y la Aeronáutica bombardearon cinco (o seis) días después la Plaza de Mayo y otros sitios de la ciudad. Lo que hicieron en su vesánico afán de matar a Perón y todo lo que lo rodeara, con un saldo de más de 300 muertos y un millar de amputados.

La verdad es muy otra. Todo lo contrario: la incruenta quema de iglesias católicas céntricas fue la reacción al bombardeo puesto que como había demostrado la participación masiva de la oposición (incluyendo a socialistas, masones, democristianos, ateos y gran parte de la izquierda marxista) en la procesión organizada por el arzobispado, la Iglesia había sido la coordinadora de todo el antiperonismo. Hasta el punto de que la aviación sediciosa adoptaría el signo de «Cristo Vence» en el fuselaje de sus naves.
Por suerte, hoy la situación es casi antagónica, al menos en lo que hace al arzobispado porteño… pero no nos vayamos del tema. El redactor de Clarín (tan burro como gorila ya que comienza atribuyendo el bombardeo al 17 de junio) ha de ser parte de la runfla de lo que repiten como papagayos que la violencia en la Argentina comenzó con el secuestro del dictador Pedro Eugenio Aramburu obviando, of course, que éste había ordenado el 9 de junio de 1956 el fusilamiento sumario (es un decir, porque ni siquiera lo hubo) de una treintema de patriotas encabezados por el general Juan José Valle que aunque querían derrocarlo, no habían derramado una gota de sangre.
En su deriva antiperonista, Clarín rompió el boludómetro, Debió haber habido protestas de sus propios trabajadores, periodistas o gráficos, e inhabilitó el enlace a la nota (https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=rm#inbox/FMfcgzQcpKlNptrRJSmgNCfNRHwfJVKn). Por suerte. un querido colega, César Litvin, ya había hecho una captura.
