ÍDOLOS. Jean Jaurés, un socialista comme il faut
Y ya que le dimos bola a Bonasso, vamos a darle bola ahora a otro opositor, y para colmo a una nota que publicó en Clarín. Se trata del auditor Leandro Despouy, radical y el mismo al que Cristina le dijo hace unos dias que, por favor, cambiara la cara de tujes. Y es que me interesa mucho la figura de Jean Jaurés por varios motivos, uno, importante, porque siendo de familia socialista, considero que el socialismo estuvo perdido desde que aceptó en los países europeos secundar a las burguesías nacionales y resignar su oposición de principios a la guerra interperialista que inmoló a toda una generación… que posiblemente hubiera hecho, de otro modo, varias revoluciones, Jean Jaurés fue uno de los pocos que sostuvo en alto las banderas internacionalistas. Y ya en un terreno personal, íntimo, su nombre («yanyoré») tiene para mi muy gratas resonancias ya que fue en un bulín de la calle de ese nombre donde fue mi primera vez.
No conozco de nada a Despouy, pero este texto me gustó, ya saben por qué.
Jean Jaurès, la fuerza de las utopías
Horacio Cardo
Defensor del próspero y culto pueblo armenio y de su Causa, y solidario con la Federación Revolucionaria Armenia que resistía las matanzas precursoras del Genocidio, en 1900 Jaurès fundó, con Clemenceau, Quiles y Zola, el periódico Pro-Armenia y, en 1904, el mítico L’Humanité. Junto a Emile Zola defendió a Alfred Dreyfus en el extenso proceso judicial marcado por el nacionalismo y el antisemitismo de la dirigencia francesa.
Su amplio perfil incluía un profundo sentido del humanismo y un consolidado pacifismo; acérrimo opositor a la guerra –la razón más fuerte de su lucha–, esto le costó la vida: fue asesinado por Raoul Villain, un mercenario nacionalista, el 31 de julio de 1914. Tres días después, estallaría la I Guerra Mundial. Arrastrados por el conflicto, los partidos socialistas europeos –y el argentino– viraron de sus posiciones antibelicistas e internacionalistas al nacionalismo, a partir de una guerra definida por Jaurès como interimperialista y colonialista. Ante su inminencia, dijo en el Congreso de Basilea (1912): “Llamo a los vivos para que se defiendan del monstruo que aparece en el horizonte, lloro sobre los incontables muertos caídos en el Oriente, cuya fetidez llega hasta nosotros como un remordimiento; destruiré los rayos de la guerra y los arrojaré a las nubes”.
De nada valieron sus esfuerzos y los de Rosa de Luxemburgo, entre otros, por convocar a una huelga general internacional a fin de evitar la gran contienda y hacerle frente a “la horrible pesadilla”. La guerra provocó la escisión del movimiento socialista internacional. Según Trotsky, el asesinato de Jaurès “fue el último eslabón de una confusa campaña de odio, mentiras y calumnias que mantenían contra él todos sus enemigos (…) que debían limitarse a atacar sus ideas y sus métodos de acción: como personalidad era casi invulnerable”.
La actualidad de su pensamiento ha inspirado en socialistas de todo el mundo la construcción de alternativas políticas democráticas y progresistas. En mayo de 1981, en su asunción como presidente, Mitterrand y la sociedad francesa colmaron de rosas las tumbas de Jean Jaurès y del líder de la Resistencia Jean Moulin, en el Panteón de París. En nuestro país, Raúl Alfonsín –que lo admiraba– no solo recobró el ideario de Alem e Yrigoyen: fue pensando en hombres como Jaurès que impulsó la incorporación de la UCR a la Internacional Socialista.
La actualidad de su pensamiento, finalmente, radica también en los contextos de crisis civilizatoria que en aquel entonces desembocaron en grandes tragedias y hoy nos comprometen a trabajar intensamente para prevenirlas y evitarlas.
Leandro Despouy es presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN)

otro articulo muy bueno sobre Jean Jaures: https://articulosydocumentos.wordpress.com/2014/07/